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La crueldad neuronal del cautiverio: mantener grandes mamíferos en zoológicos y acuarios daña sus cerebros

Publicada en 25/09/2020


Dr. Paul Manger/ University of the Witwatersrand, Johannesburg, CC BY-ND - The Conversation

Bob Jacobs (The Conversation)**

Profesor de neurociencia, Colorado College

Hanako, una hembra de elefante asiático, vivió en un pequeño recinto de hormigón en el parque zoológico Inokashira de Japón durante más de 60 años, a menudo encadenada, sin estimulación. En la naturaleza, los elefantes viven en manadas, con estrechos lazos familiares. Hanako estuvo solitaria durante la última década de su vida.

Kiska, una joven orca hembra, fue capturada en 1978 frente a la costa de Islandia y llevada a Marineland Canadá, un acuario y parque de diversiones. Las orcas son animales sociales que viven en grupos familiares con hasta 40 miembros, pero Kiska ha vivido sola en un pequeño tanque desde 2011. Cada una de sus cinco crías murió. Para combatir el estrés y el aburrimiento, nada en círculos lentos e interminables y se ha mordido los dientes hasta la pulpa en su piscina de hormigón.

Desafortunadamente, estas son condiciones comunes para muchos mamíferos grandes cautivos en la industria del “entretenimiento”. En décadas de estudiar el cerebro de humanos, elefantes africanos, ballenas jorobadas y otros mamíferos grandes, he notado la gran sensibilidad del órgano al medio ambiente, incluidos los graves impactos en su estructura y función de vivir en cautiverio.

Afectando la salud y alterando el comportamiento

Es fácil observar la salud general y las consecuencias psicológicas de la vida en cautiverio para estos animales. Muchos elefantes en cautiverio padecen artritis, obesidad o problemas cutáneos. Tanto los elefantes como las orcas suelen tener graves problemas dentales. Las orcas cautivas padecen neumonía, enfermedades renales, enfermedades e infecciones gastrointestinales.

Muchos animales intentan hacer frente al cautiverio adoptando comportamientos anormales. Algunos desarrollan “estereotipias”, que son hábitos repetitivos y sin propósito, como mover constantemente la cabeza, balancearse incesantemente o masticar los barrotes de sus jaulas. Otros, especialmente los grandes felinos, deambulan por sus recintos. Los elefantes se frotan o rompen los colmillos.

Cambiar la estructura del cerebro

La investigación neurocientífica indica que vivir en un entorno cautivo empobrecido y estresante daña físicamente el cerebro. Estos cambios se han documentado en muchas especies, incluidos roedores, conejos, gatos y humanos.

Aunque los investigadores han estudiado directamente algunos cerebros de animales, la mayor parte de lo que sabemos proviene de la observación del comportamiento animal, el análisis de los niveles de la hormona del estrés en la sangre y la aplicación de los conocimientos adquiridos en medio siglo de investigación en neurociencia. La investigación de laboratorio también sugiere que los mamíferos en un zoológico o acuario tienen una función cerebral comprometida.