Curiosidades - Informaciones
El chimpancé fumador ya está curado!
SANTUARIO DO PARANA
Anita lo llama, es temprano en la manaña, y él está en el fondo del recinto, disfrutando un amanecer frio del Estado de Parana, en el Brasil. Omega viene corriendo y en menos de 1 minuto está con nosotros. Anita me presenta a él, como un amigo, él adelanta un sonriso y extiende la mano. En el saludo tipico del chimpancé, toco el dorso de mi mano con la de él.
Es mi primer contacto con Omega, el chimpancé fumador, que se hizo famoso cuando su vicio fue descubierto, en su viaje al Brasil, desde un Zoológico minúsculo en el Libano, donde adquirió el vicio, al tirarle los visitantes humanos colillas de cigarro encendidas, para divertirse.
Omega me invita a jugar de esconde-esconde, como muchos chimpancés juegan. Intenté un poco, sin embargo, acompañar un juego de esos con un chimpancé joven y fuerte es un suicidio para mi. Le mostré mi zapato, él se interesó, ya que era un tennis diferente, después pasa para mi mano derecha, donde tadavia tengo pequeñas heridas, de mi pelea con Charles en el Santuario de Sorocaba, dias atrás. Poco a poco vamos haciendo amistad. Al lado de él, aunque separado, Dunga, un chimpancé diferente “medio blanco” como nuestro Peter, de Sorocaba, me observa con cara de pocos amigos. Dunga me conoce ya que nos encontramos varias veces en los ultimos 10 anos, en Brasilia. Quizás, pensaba que yo estaba allí para llevarmelo de vuelta. Durante los dos dias de nuestra visita al Santuario del Parana, mantenido por el Instituto Anami, de Anita y Milan Starostik, y afiliado al Proyecto GAP, no me abandonó con su mirada.
Omega a cada momento hacía más amistad conmigo, ya pasaba la mano en su cabeza y le daba mis dedos para el revisar mis uñas, como la mayoria de los chimpancés hace habitualmente. Omega es un chimpancé de tamaño pequeño, fuerte, ágil, de mirada rápida e inteligente, que no tiene intenciones ocultas. El es amigo o no lo es, se puede confiar integralmente en él, nunca te va a decepcionar. Se parece mucho con otro chimpancé, Caique, que está en el Santuário de Parana, a donde llegó de un circo y cuyo trato con las personas es fantástico. Omega está aguardando el fin de la construcción del recinto contiguo, para poder recibir una compañera, tal vez una chimpancé joven que está para llegar de Israel en las proximas semanas.
Como Anita declaró a la prensa internacional, cuando le preguntaban cómo eliminaría o vicio de fumar de Omega “aquí en el Santuario nadie fuma, ni los funcionarios, Omega no tiene como regresar a fumar”; y fue lo que sucedió, él está curado de ese vicio maldito que los humanos criaron en él, y regresó a apreciar la vida que le arrancaron, cuando mataron sus padres y lo contrabandearon para el Libano. Omega está consciente que todavia existe el paraiso en la Tierra y él ya lo encontró.
Dr. Pedro A. Ynterian
Presidente, Proyecto GAP Internacional
Anita lo llama, es temprano en la manaña, y él está en el fondo del recinto, disfrutando un amanecer frio del Estado de Parana, en el Brasil. Omega viene corriendo y en menos de 1 minuto está con nosotros. Anita me presenta a él, como un amigo, él adelanta un sonriso y extiende la mano. En el saludo tipico del chimpancé, toco el dorso de mi mano con la de él.
Es mi primer contacto con Omega, el chimpancé fumador, que se hizo famoso cuando su vicio fue descubierto, en su viaje al Brasil, desde un Zoológico minúsculo en el Libano, donde adquirió el vicio, al tirarle los visitantes humanos colillas de cigarro encendidas, para divertirse.
Omega me invita a jugar de esconde-esconde, como muchos chimpancés juegan. Intenté un poco, sin embargo, acompañar un juego de esos con un chimpancé joven y fuerte es un suicidio para mi. Le mostré mi zapato, él se interesó, ya que era un tennis diferente, después pasa para mi mano derecha, donde tadavia tengo pequeñas heridas, de mi pelea con Charles en el Santuario de Sorocaba, dias atrás. Poco a poco vamos haciendo amistad. Al lado de él, aunque separado, Dunga, un chimpancé diferente “medio blanco” como nuestro Peter, de Sorocaba, me observa con cara de pocos amigos. Dunga me conoce ya que nos encontramos varias veces en los ultimos 10 anos, en Brasilia. Quizás, pensaba que yo estaba allí para llevarmelo de vuelta. Durante los dos dias de nuestra visita al Santuario del Parana, mantenido por el Instituto Anami, de Anita y Milan Starostik, y afiliado al Proyecto GAP, no me abandonó con su mirada.
Omega a cada momento hacía más amistad conmigo, ya pasaba la mano en su cabeza y le daba mis dedos para el revisar mis uñas, como la mayoria de los chimpancés hace habitualmente. Omega es un chimpancé de tamaño pequeño, fuerte, ágil, de mirada rápida e inteligente, que no tiene intenciones ocultas. El es amigo o no lo es, se puede confiar integralmente en él, nunca te va a decepcionar. Se parece mucho con otro chimpancé, Caique, que está en el Santuário de Parana, a donde llegó de un circo y cuyo trato con las personas es fantástico. Omega está aguardando el fin de la construcción del recinto contiguo, para poder recibir una compañera, tal vez una chimpancé joven que está para llegar de Israel en las proximas semanas.
Como Anita declaró a la prensa internacional, cuando le preguntaban cómo eliminaría o vicio de fumar de Omega “aquí en el Santuario nadie fuma, ni los funcionarios, Omega no tiene como regresar a fumar”; y fue lo que sucedió, él está curado de ese vicio maldito que los humanos criaron en él, y regresó a apreciar la vida que le arrancaron, cuando mataron sus padres y lo contrabandearon para el Libano. Omega está consciente que todavia existe el paraiso en la Tierra y él ya lo encontró.
Dr. Pedro A. Ynterian
Presidente, Proyecto GAP Internacional





